(Sánchez, Belmonte)
Una gota abrió tus ojos
y una llama te enseño la luz,
los años te han consumido
y tu espíritu vaga por los archipiélagos.
Cuando el mar está en calma
y se respira su tranquilidad
te han visto sentado en las rocas,
pesando,
tal vez soñando,
pues no habrá barco que llegue por ti,
ni una familia que añore tu nombre
o un corazón cautivo al cual volver.
Las ruinas aún siguen en píe,
los prados reverdecen luego de la nieve,
en la casa se cubre de polvo el salón principal,
toda la familia reposa en el mausoleo,
la servidumbre se ha ido ya…
¡Su maldición está rota!
Pero tú…
El rey está muerto
y su símbolo corona la tumba,
dentro de ella están
los cuerpos violados y mutilados,
las almas de todo aquel opositor,
la cabeza de esa pobre chica,
encadenan tu cuerpo,
no te dejan respirar.
Poco a poco se disuelve,
poco a poco y es parte del rey.
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